• Abuelos
  • Guardería
  • Manos
  • Niños
  • Restaurante

    Restaurante

“Con la muerte aprendimos a vivir hace rato”

 

 

Óscar Darío García tiene 46 años y anda en una silla de ruedas debido a un problema
muscular que tiene desde hace dos décadas; además, padece un cáncer terminal. Es
el mejor anfitrión y guía del hogar para enfermos que tiene la Fundación. En este
relato cuenta cómo es un día en este lugar. 

 

Por Jessica Andrea Guerra Escobar
Marzo de 2015 

 

         

El sueño de Óscar es que le llegue pronto una silla de ruedas eléctrica para recuperar un poco su libertad y que
moverse no sea una pesadilla. Foto: Santiago Mesa

 
 
Soy paciente con cáncer de páncreas e hígado, además de una distrofia muscular desde joven, en el Hogar Nidia Elena Jaramillo de Uribe, de la Fundación Teresa de Calcuta.
 
Este hogar fue creado el 28 de octubre del 2010 y ya va para cinco años. En la cartelera de la entrada había una pequeña colección, por así decir decirlo, de las personas que han fallecido acá. En total son 97 y han pasado más de 400 personas, pero eso cambia casi que diario.
 
Aquí solo reciben personas que padecen cáncer en un estado muy avanzado y que no tienen el billete para cubrir los gastos porque, eso sí, no hay nada que cueste más plata que estar enfermo y llevado del verraco.
 
Llegué hace un año por una amiga de mi mamá que tiene un cargo duro en el Municipio de Medellín y es conocida del padre Miguel Pérez. Entré por la distrofia muscular. A los cuatro meses me enfermé y descubrieron que tenía un cáncer de páncreas e hígado que había hecho metástasis hace nueve meses y por eso me tocó quedarme.
 
En mi época de joven fui soldado profesional durante tres años pero me cansé de esa vida y dejé todo eso. Llevaba como 20 meses esperando un trabajito en una empresa porque mi anhelo era realizarme como hombre, tener mi esposa, mi familia, es decir lo normal, pero no se dio porque en esas me despertó la distrofia muscular a los 26 años.
 
Los habitantes del hogar
 
Actualmente vivimos cinco personas en esta casa. Cuatro hombres y una mujer. Miriam está acá por un problema renal y le hacen diálisis día por medio.
 
Don Francisco Buriticá, alias Pachito el Che, como le decimos, padece un cáncer de piel y tiene 80 años. También está don José Manuel Obando, más conocido como José Miel, aunque a veces sea un limoncito porque volea puño y todo.
 
Don Gilberto es otro enfermo, él tiene cáncer de estómago pero callejea todo el día. Por último está mi persona, yo soy uno de los que lleva más tiempo aquí. Se podría decir que soy el más jodido de todos pero yo no me siento así, aunque no voy a negar que a veces me deprimo y lloro bastante.
 
Es que, bendito sea el Señor, pero esto no es fácil: uno queriendo estar con personas que le den ánimo y antes yo soy el que les da ellos.
 
La vida cotidiana
 
 
Pasamos por situaciones bien difíciles. Por ejemplo, nosotros cinco compartimos el baño. La puerta es bien estrecha y pa’ uno entrar allá es un camello ni el hijuemama porque no pasan las sillas de ruedas y a la enfermera le toca hasta cargarnos para ponernos en otra silla y que podamos bañarnos.
 
La casa está dividida en tres grandes partes, por así decirlo: la habitación para los hombres, la de las mujeres y la pieza de los llevaos que es pa’ cuando uno está muy grave, lo que llaman “cuidados intensivos”, y donde hace poquito murió don Luis Alfonso Ramírez de cáncer de pulmón... que en paz descanse.
 
En este momento en la de los hombres dormimos don José, don Francisco y mi persona. En la otra solo está Miriam y en una piecita contigua más pequeña está don Gilberto.
 
La pieza de nosotros era más bacana, con buena luz, buen espacio y ventilada pero hace poco nos estrecharon por darle más espacio al almacén de ropa usada que la gente nos dona y que aquí se organiza y se vende. De ahí sale buena parte de la plata que mantiene esta casa.
 
El problema es que ya hay muchas cosas y no hay donde ponerlas, entonces por eso el padre Miguel nos dijo que nos tenía que estrechar y así fue. Nos quedó entonces la pieza más aburridora y además se perdieron dos cupos para otras dos personas que cabían ahí.
 
De nosotros, durante el día, está pendiente la enfermera que es un amor de mujer. Para mí, doña María Helena es lo mejor que hay. Sin embargo, ella como tiene su familia y no hay plata para pagarle dos turnos se va tipo seis de la tarde para la casa. Pero eso sí, cuando hay pacientes delicaditos ella se queda a amanecer y está pendiente de todos.
 
El resto de las noches siempre permanece con nosotros doña Amparo, la administradora de este lugar. Ella es voluntaria aquí desde que empezó esto y eso hace que no viva en su casa sino aquí. Ella se encarga principalmente del almacén, de las comidas y de darnos vuelta en la noche.
 
Uno esperaría que en lugar como estos allá bastante silencio y tranquilidad, pero la bulla es acá la reina. Eso son esos televisores a todo volumen, la grabadora, los gritos de uno y otro. Yo no voy a decir que yo no veo televisión o no oigo mis partidos, para nada, antes me desestresa pero los oigo para mí no para que me escuchen los demás.
 
Un anhelo
 
 
Yo toda mi vida he vivido en casas de familia y rodeado de gente activa. Venirme para acá fue como estar entre la espada y la pared porque de lo contrario era la calle. Eso no es justo pero Dios sabrá cómo hace sus cosas. Además, mi madre también se está enfermando y a pesar de todo no me desampara.
 
Lo que pasa es que a mí me ha gustado sentirme rodeado de personas aliviadas o sea que me den moral y ánimos a mí, no yo darle a los demás, pero así me ha tocado. En parte, por eso estoy tan emocionado con una silla eléctrica que, según me dijeron en la EPS, me va llegar muy pronto y así voy a poder tener más libertad.
 
Sin embargo, yo quiero terminar mis días con una familia así no sea mía de sangre, pero quiero sentirme parte de ellos, estar contento, tranquilo, alegre y que cuando sea la hora en que la pelona venga por mí, me vaya feliz.  
 
 
______________________________________________
 
 
 
 
 
© 2016 Fundacion Teresa de Calcuta. Medellín, Colombia
Carrera 23 C No. 75c- 26 Barrio La Cruz